¿Por qué no debemos contar calorías?

Actualmente, muchas personas siguen escogiendo los alimentos en función de sus calorías, independientemente de la calidad del alimento, siendo ese numerito, el de sus calorías, el responsable de decidir si comer o no comer determinados alimentos.

Esta costumbre de dar el protagonismo a las calorías tiene su principal causa en el enfoque que se ha dado siempre a la pérdida de peso, y que todos conoceréis como “Menos plato (o menos calorías) y más zapato (o más gasto energético)”.

Sin embargo, hoy sabemos que esta visión no es la más adecuada, ya que lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo es demasiado complejo como para que todo se resuma en calorías ingeridas vs calorías gastadas.

Las calorías, en función del alimento del que procedan, serán asimiladas por nuestro cuerpo de una forma diferente.

Cuanto más procesado está el alimento que comemos, menos esfuerzos tendrá que emplear nuestro organismo para utilizar y aprovechar sus nutrientes, y por tanto sus calorías.

Si ponemos como ejemplo los frutos secos, que suelen ser uno de los alimentos más demonizados por sus calorías, vemos cómo en la práctica, al consumirlos, aprovechamos en torno a un 70-75% de sus calorías iniciales en lugar del 100%, como se podría llegar a creer.

Esto nos hace pensar que otros alimentos similares, también muy ricos en nutrientes intrínsecos (aquellos que están de forma natural en el alimento) y, sobre todo, sin procesar (legumbres, semillas, frutas, verduras y hortalizas), tendrán efectos similares.

Los alimentos anteriormente mencionados, además de estar compuestos por un único ingrediente, no han sido manipulados y, por lo tanto, nuestro organismo, para utilizar sus nutrientes, tiene que trabajar mucho más (masticar, salivar, romper el alimento en el estómago, digerirlo…) hasta conseguir metabolizarlo.

Esto supone un mayor gasto para nuestro organismo que, por pequeño que sea, será mayor en comparación al que generan los productos procesados.

En resumen, es interesante que pensemos que los alimentos que han sido muy procesados contienen ingredientes muy sencillos: harinas refinadas, grasas refinadas, azúcares simples, etc., dando lugar a que el nivel de aprovechamiento de sus nutrientes y calorías pueda ser mayor y, por lo tanto, pueden conllevar un aumento de peso con más facilidad.

El poder de saciedad que presenta un alimento y/o comida es mucho más determinante para la pérdida de peso que fijarnos en el número de kilocalorías que nos aportan, y esta relación tiene mucho que ver con el volumen que ocupan los alimentos en nuestro estómago.

Cuanto más volumen ocupe el alimento en nuestro estómago, mayor será su poder de saciedad.

Los alimentos con mayor contenido en agua y fibra son los que mayor volumen ocupan en nuestro estómago.

¿Y cuáles son los alimentos más ricos en agua y fibra? Las verduras, hortalizas y frutas. Por este motivo y otros muchos, es muy recomendable que estos alimentos, sean los protagonistas de nuestras comidas. 0000000000000

Write a comment

*