¡Niños comiendo con el móvil!

Niños embobados delante de un móvil o de una tablet mientras comen en casa o en un restaurante; utilizar la comida como premio o castigo; o no predicar con el ejemplo son algunos de los errores que los padres cometen a la hora de dar a sus hijos una correcta educación a la hora de comer.

Y el punto de partida ya no es acertado si consideramos distinta la comida del niño a la del adulto. El “menú infantil” no debería existir, ya que en él dominan los alimentos insanos, como fritos o carnes procesadas, y escasean las verduras y las frutas.

Si en las casas se comiera bien, no haría falta dar clases de educación alimentaria. Ni tampoco sirve de nada que en el cole enseñen a los niños a comer fruta, si en casa no hay nunca fruta o si en el comedor escolar tampoco la hay.

 

La educación empieza en casa, en la familia y los errores que se cometen son muchos y variados.

Uno de los más frecuentes es que el niño se distraiga mientras come viendo dibujos en el móvil o en la tablet, tanto en casa como en un restaurante, lo que impide que desarrolle sus habilidades de interactuación social o de interacción con los alimentos.

El problema es el enfoque al que la sociedad recurre, utiliza ciertas herramientas para que los niños se adapten a situaciones sociales que quizá no sean las más adecuadas para ese momento.

Una escena cotidiana a la hora de comer, en cualquier casa con niños pequeños, es lidiar con el “esto no me gusta” o con el “no tengo hambre”. ¿Hay que obligarles a comer? En un contexto como el nuestro, con abundancia de alimentos, un niño no va a pasar hambre, y si se queda con hambre, te lo hará saber.

Cuando a un niño se le obliga a comer o se le distrae con la tele para ir metiéndole cucharadas en la boca se corre el riesgo de cargarnos el mecanismo de apetito y saciedad que les indica cuándo tienen hambre y cuándo parar.

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