Una de cada cinco muertes en el mundo está asociada a una dieta pobre

Si hablamos de una dieta pobre en el mundo, nos estamos refiriendo a aquellas poblaciones que no comen suficientes alimentos necesarios para el buen funcionamiento de su organismo, bien sea por una situación de pobreza o bien por una falta de producción.

Unos 11 millones de fallecimientos en el mundo se asocian a no comer suficientes alimentos sanos, lo que ocasiona enfermedades cardiovasculares, cánceres y diabetes de tipo 2. Los factores de la dieta con más incidencia en los fallecimientos fueron un excesivo consumo de sodio junto con una insuficiente ingestión de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y leche.

 

Aquí, en España, tenemos la suerte de ser el tercer país con menos muertes por dieta pobre, siendo el primero Israel, el segundo Francia, el cuarto Japón y el quinto Andorra.

Si miramos con atención estos cinco primeros puestos, veremos que son países donde o bien se dispone de una dieta mediterránea, basada en alimentos vegetales como la fruta y la verdura, legumbres, cereales, pescados y aceite de oliva -es el caso de Israel, Francia, España y Andorra (por cercanía a los dos anteriores)- o bien, como en el caso de Japón, que tiene una dieta de cocciones saludables, productos frescos y sin excesos, pues sus raciones se sitúan muy por debajo de las que nosotros tomamos habitualmente.

Estos datos subrayan la urgente necesidad de coordinar esfuerzos a nivel global para mejorar las dietas, mediante la colaboración entre las diferentes secciones del sistema alimentario, así como nuevas políticas para impulsar dietas equilibradas. Además, nos confirman que una dieta pobre es responsable de más muertes que ningún otro factor de riesgo.

En 1990, el número de muertes asociadas a la dieta era de unos 8 millones. El incremento hasta esos 11 millones mencionados al principio se atribuye al aumento de la población y la mayor expectativa de vida.

 

Debemos impulsar dietas equilibradas y el acceso a productos sanos en todo el mundo, y también adaptar determinadas normativas para conseguir que disminuya el consumo de alimentos menos saludables.

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