¿Te sobran kilos?

¿La obesidad es una forma de inflamación crónica?

 

Pues parece ser que sí, ya que se ha visto que se unen dos grandes mecanismos: la hipernutrición y la diabetes tipo II. Tanto uno como el otro pueden producir una posible activación de la inflamación y de la tumorogénesis.

Vivimos en un entorno cargado de factores que nos favorecen la inflamación crónica, como la contaminación, el tabaquismo, la baja actividad física y el estrés, y si a esto le sumamos el sobrepeso y la obesidad, ¡menudo cóctel! Aquí es cuando empezamos a hablar de lipoinflamación, que nos puede llegar a ocasionar un síndrome metabólico (diabetes, hipertensión, arterioesclerosis, elevación del colesterol, triglicéridos y ácido úrico).

Pero se sabe que, corrigiendo algunos de estos factores, es posible ralentizar el avance inflamatorio. Uno de los primeros es la inactividad física: el ejercicio previene el desarrollo de muchas enfermedades cardiometabólicas o crónicas.

El segundo es el estrés: ante la ansiedad, el organismo responde con más tensión muscular o presión sanguínea y nos lleva a comer más alimentos hipercalóricos, o bien a fumar, beber o dejar de hacer ejercicio.

Con esto, queda muy claro que nuestro estilo de vida influye, y mucho, en el grado de inflamación, y la dieta es una de las piezas fundamentales para combatirla.

Nuestra dieta, ¿puede favorecer la inflamación? Un ejemplo claro son los ácidos grasos de mala calidad o los hidratos de carbono que tomamos en exceso. Ante esto, la recomendación será acercarnos a mayor consumo de dieta antiinflamatoria, que no es más que:

• Alimentos ricos en ácidos grasos omega 3, como los pescados y sus derivados
• La fibra, pero no sólo de un tipo, sino la combinación de diferentes tipos
• No tomar alimentos ultra procesados
• Tomar más granos integrales, frutos secos, verduras y hortalizas variadas, y también probióticos
• Consumir, por supuesto, aceite de oliva
• Y sí, también tomar café, que no sea torrefacto, y chocolate negro.

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