¿Si tomamos el sol a través de una ventana, sintetizamos la vitamina D?

El sentir los rayos del sol detrás de una ventana, sobre todo en invierno, nos da una sensación de confort maravillosa, pues podemos sentir cómo calientan e iluminan el lugar en el que estamos. Incluso puede darnos la sensación de que nos está quemando, como si estuviéramos al aire libre.

Y parece ser que sí, que podemos llegar a quemarnos, ya que los rayos ultravioletas (UVA) son capaces de pasar a través del cristal, y por eso nos quemamos.

Pero esta luz, ¿también es suficiente para sintetizar la vitamina D que necesita nuestro cuerpo para absorber el calcio que ayuda a proteger los huesos?

La respuesta es no. La radiación que ayuda a este proceso, la ultravioleta B (UVB), no traspasa el cristal y por eso no es posible que nuestro cuerpo sintetice esta vitamina.

En estos momentos, en España (“el país del sol”) se están dando los mismos niveles de esta sustancia que en Escandinavia. Es decir, de media son muy bajos.

Parece que, debido al abuso de los protectores, se ha perdido la sana costumbre de pasear al sol en invierno o sentarnos un ratito en el parque con los niños. Sí que es cierto que, en épocas de sol muy fuerte, no debemos exponernos sin protección ni durante periodos muy largos, pero parece ser que hemos pasado al otro extremo, colocándonos al otro lado del cristal y no dando la posibilidad a nuestro cuerpo de que sintetice su vitamina D, tan importante para nuestros huesos.

Lo más efectivo es recibir la radiación solar al aire libre, pero sin pasarnos: bastan 20 minutos diarios de exposición en mangas de camisa y pantalón corto para tener unos niveles correctos.

Pero tampoco hay que hacer excesos: el resto de radiación que acumulemos irá dañando las células cutáneas y aumentando el riesgo de un futuro cáncer de piel.

Todo eso, sin olvidar el protector solar, que no hace falta ponérselo media hora antes de la exposición, pues empieza a actuar desde el momento en el que lo aplicamos.

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