Niño con sobrepeso, ¿lo ponemos a dieta?

Tenemos un problema bastante evidente: llegan a mi consulta, derivados de sus pediatras, cantidad de niños con un sobrepeso importante, y que sus familias no saben cómo controlar.

Años atrás, los médicos tenían la idea de que lo normal era que, durante la adolescencia, el niño, al dar el “estirón”, adelgazara. Pero a día de hoy esto no se cumple, con lo que no se soluciona el problema.

Estudios científicos han demostrado que el sobrepeso infantil provoca insidiosas consecuencias para la salud, efectos que suelen pasar desapercibidos hasta que se hacen mayores, como por ejemplo que, en la edad adulta, tienen mayor riesgo de desarrollar síndrome metabólico (resistencia a la insulina), además de hipertensión arterial y alteraciones en el metabolismo lipídico.

Estos niños también son más propensos a padecer alteraciones respiratorias, apneas o asma, así como problemas digestivos, cardiacos, neurológicos, endocrinos y dermatológicos, todo ello unido también a problemas de ansiedad y depresión.

Además, se sabe que un niño obeso tiene un 80 % de probabilidad de seguir siéndolo cuando alcance los 35 años.

Según la Organización Mundial de la Salud, los españoles están entre los niños más obesos de Europa. Bonito récord, ¿no os parece?

Poner a un niño a dieta es algo que se debe valorar con cautela, ya que no siempre es bueno. Pero si resulta necesario, hay que saber cómo hacerlo, ya que necesita recibir cada día una aportación de energía necesaria según su edad, sexo y tipo de actividad que practica.

Aquí chocamos con algunos padres que nos dicen: “un día es un día”, “¡cómo no va a comer un dulce de vez en cuando!”, “¡no le vamos a dejar sin chuches en un cumple!”, “¿al cine sin palomitas?” o “¿viernes sin pizza y CocaCola?”.

Pues sí, la mayoría no entienden que el día a día de sus hijos está cargado de esos “de vez en cuando no pasa nada” y que, al final, ese niño está consumiendo continuamente alimentos no recomendables.

Lo que se debe conseguir es que los propios padres cambien los hábitos y rectifiquen sus dietas, que consigamos que toda la familia adopte hábitos y raciones saludables para siempre, no sólo una temporada para que el niño pierda el peso. Esos cambios deben ser para toda la vida.

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