Ni “light”, ni “zero”: ¿no será mejor no tomar refrescos?

A diario, en mi consulta es motivo de queja por parte de mis pacientes cuando les suprimo los refrescos en general y les recomiendo tomar más agua.

El planteamiento de tomar a todas horas los refrescos “light” o “zero” me parece algo terrible, ya que las personas no son conscientes de que lo que para ellos es una elección buena, para su salud podría no serlo tanto.

 

Según una investigación reciente, que ha puesto bajo la lupa los efectos de los edulcorantes, un consumo excesivo de refrescos endulzados podría tener consecuencias negativas para la salud. Los investigadores examinaron la asociación entre las bebidas sin azúcar, el derrame cerebral y la enfermedad coronaria en un grupo de 82.000 mujeres americanas posmenopáusicas, de entre 50 a 79 años.

 

Tras un seguimiento de 12 años, los resultados mostraron que, aunque solo el 5,1% de las participantes bebía dos o más bebidas edulcoradas al día, ese grupo tenía un riesgo un 23% mayor de accidente cerebrovascular y un 29% más alto de enfermedad cardíaca que el de las mujeres que rara vez o nunca tomaban bebidas falsamente consideradas como “dietéticas”.

Es cierto que también influyen otros factores, ya que la gente que consume más este tipo de bebidas posiblemente también tiene un mayor peso y sigue una peor dieta. Pero, con todo, hay una clara relación entre el consumo elevado de refrescos light o sin calorías y el aumento de eventos vasculares indeseables, como el infarto cardiaco o cerebral.

La relación entre consumo de refrescos edulcorados con problemas de salud no es nueva, se ha visto que los edulcorantes engañan al cerebro con su dulzor. Este dulzor extremo altera nuestra percepción sobre los sabores, y al final la gente deja de comer alimentos naturales y saludables, como la fruta, porque no la considera lo suficientemente dulce.

Estos refrescos producen en el cerebro una activación incompleta de satisfacción que, a la larga, impulsa a comer más. De hecho, justo por ser dulces incitarían a quienes los consumen a comer más dulce y a ser más dependientes de los alimentos con estas características.

Resumiendo: en ningún caso deben tomarse como sustitutivo del agua que, por supuesto, es el mejor refresco que existe.

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