Los “falsos amigos” de las dietas

Los “falsos amigos”: sí, esos alimentos cuyo envoltorio o presentación sugieren que no engordan, aunque se coman a manos llenas. Tenemos que ser conscientes de que la gran mayoría de ellos nos aportan muchas más calorías, azúcares y grasas de lo que creemos.

 

Si eres de esas personas que llenan la despensa de alimentos ‘light’, convencidas de estar a salvo de los michelines, tengo que darte malas noticias:

 

• Si aparece el 0% M.G. (abreviatura de “materia grasa”) en el envase de un lácteo, es uno de los reclamos más potentes. Consumirlo no es un problema, y de hecho es una opción adecuada para la población general. Lo malo es que, para potenciar el sabor del producto, se le añaden azúcares. Hay incluso consumidores que le añaden algún tipo de endulzante antes de consumirlo.
• El aliño y los complementos suelen ser el tentador pecado de las ensaladas listas para el consumo: costrones, cebolla frita, tiras de bacon. Por no hablar de esas salsas, con suficientes calorías como para hacer una prueba ciclista de montaña en pleno verano. En principio, las ensaladas deberían ser una opción muy saludable y facilitar así el consumo de verduras. Pero sus aliños y ‘tropezones’, especialmente los de origen animal, aportan muchas calorías en forma de grasas
• Si eres de los que sustituye la rebanada de pan por palitos o tostadas, replantéatelo. El pan sin miga tiene más energía que el pan fresco debido a que apenas contiene agua, y la receta suele incluir algún tipo de grasa vegetal
• El sushi no es la panacea. Para compensar el fuerte sabor del pescado, al arroz se le añade azúcar. En cuanto a las propiedades nutricionales del alga, lo más probable es que ni las cates, ya que nuestro intestino no dispone de la bacteria Bacteroides plebeius ni de unas enzimas (las porfirasas) que sí habitan en el tracto intestinal de los japoneses y que les permiten asimilar los nutrientes de las algas
• Uno de los grandes éxitos de la industria del aperitivo en los últimos años ha sido añadir la palabra light al término “patatas” y eliminar, como quien no quiere la cosa, el apellido “fritas”. Esta estrategia crea la ilusión de estar comiendo algo aparentemente ligero. Y ahí está la trampa: si unas patatas fritas de bolsa tienen unas 550 kilocalorías por cada 100 gramos, las light tendrían al menos 385. Estas cifras implican aún un contenido energético considerable como para incluirlas en nuestra alimentación habitual
• Sí, las galletas light suelen colarse entre los aperitivos de los obsesionados por la ingesta de calorías, pero light no significa “sin calorías”. Sólo significa “un poco menos” dentro de un panorama bastante calórico.

“Son alimentos que jamás deben formar parte de nuestra alimentación habitual”

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