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Jul 05

Emociones y Dieta: Cómo gestionarlo

¿Cuántas veces hemos dicho que comemos por placer? Pues muchas, y eso nos lleva a que la comida no solo tiene una función nutritiva, sino que el comer es también placentero y resulta desestresante.
De hecho, ocurre a veces que cuando estamos estresados, cuando no podemos dormir, o cuando nos sentimos cansados, ansiosos o incluso con problemas emocionales, acudimos a la comida.
Los alimentos nos ayudan a calmar la ansiedad, porque en su composición incluyen triptófano, que no es más que un aminoácido que estimula la liberación de serotonina y hace que nos relajemos, haciendo que nos sintamos más felices al mismo tiempo.
Los ejemplos más claros de alimentos a los que recurrimos en estas situaciones son el chocolate, los plátanos, las nueces o el yogurt, entre otros. Pero no todo se soluciona comiendo: cuando comemos para calmar nuestras emociones escogemos alimentos más grasos, y esto puede desencadenar un desequilibrio en nuestra dieta, llevándonos a padecer otros problemas de salud.
Otra prueba de que nuestras emociones afectan a la dieta es el hecho de que, cuando estamos tristes, muchas veces no podemos comer, o que cuando comemos estando muy nerviosos, acaba sentándonos mal la comida.
Incluso se está viendo cómo en casos más extremos, las emociones afectan negativamente a las digestiones, provocando un síndrome de intestino irritable que acaba condicionando, y mucho, nuestra alimentación.
Así pues, seguir una dieta saludable nos ayudará a sentirnos bien, ya que el intestino envía información a nuestro cerebro y hace que mantengamos nuestras emociones bajo control. Mientras que las dietas ricas en grasas, pobres en antioxidantes y escasas en micronutrientes pueden dar origen a un estado emocional alterado (depresiones).
Resumiendo: la solución está siempre en el equilibrio.
“Las dietas a veces no funcionan porque la comida y el peso son los síntomas, no el problema”.

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