El confinamiento nos ha metido en la cocina

Nos guste o no, el confinamiento nos ha metido en la cocina. A algunos, para bien, y a otros, para no tan bien. Lo que han aprendido con las cacerolas ha adquirido un nuevo significado para aquellos que no se habían metido nunca en la cocina.
Estar en casa ha puesto en tela de juicio cómo nos alimentamos y también nuestro ritmo de vida. La hora de la comida en confinamiento, al igual que fuera de éste, no es sólo cosa de llenar un plato.

La cuarentena nos permitió comer a las horas indicadas, y eso dice mucho sobre nuestra salud y nuestra forma de comer. Antes, eso hubiera sido imposible, ya que la mayoría de personas llevan un tipo de vida cuyo trabajo les obliga a comer fuera de casa y sin horarios.

Como ya no estás siempre en la calle, tu salud está mejor, ya no tienes malestar estomacal, ni tantos gases, y además controlas las grasas y los hidratos. En definitiva, controlas tu alimentación en general. Lo único malo es que te vuelves más sedentario, y eso te “premia” con algún kilo de más.

A otras personas este periodo les ha servido “para perfeccionar sus habilidades gastronómicas”. De hecho, creo que no se habían alimentado tan bien en los últimos años, casi respetando las pautas de los nutricionistas. Porque, cuando estamos aburridos, cocinar puede ser una diversión.

Este ha sido un reencuentro con los alimentos, y a otro ritmo. En general, la gente cocinaba rápido, a veces se sentaba en la mesa con la familia, y a veces no, por las prisas. Otro tipo de cocina era la de restaurante, que en el fondo es más cuidada y llama más la atención.

Por eso empezamos a relacionarnos de manera distinta con los alimentos, a darles más importancia que la que tenían. Se está reconociendo el valor de la comida doméstica con connotación femenina: las recetas de madres y abuelas, los buenos guisos caseros, las comidas sencillas pero saludables del día a día. En definitiva, todo aquello que había sido menospreciado y que se había opuesto tradicionalmente a la venerable cocina de gran chef o incluso a la barbacoa o el arroz del domingo de papá.
Retomemos las recetas, los pucheros, las cocinas, los horarios, los menús sencillos pero riquísimos y saludables. Pongámonos las pilas y consigamos un mundo más sostenible y, sobre todo, más sano.

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