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Oct 19

Educación Alimenticia: ¡Hay que educar el paladar!

El otro día, cenando en casa de unos amigos que tienen dos niñas adolescentes de 13 y 15 años, salió el tema de lo que comen los adolescentes actuales, ya que su padre, que es el que cocina habitualmente y por cierto muy bien, nos comentaba que cuando sus hijas traen amigas a casa y se quedan a dormir, tiene grandes problemas a la hora de la cena o de la comida.

Nos comentaba: “les pongo una crema de verduras, recién hecha y casera, y no se la comen porque no les gusta o porque no la han comido nunca, y ya no os cuento si de segundo hay pescado, por no hablar del postre”, que en su casa es normalmente fruta.

Y claro, ellos les preguntaron a sus hijas qué les daban de comer a ellas cuando se quedaban en casa de sus amigas. Pues claro, vosotros y yo lo hemos pensado y hemos acertado: pizza, macarrones, nuggets de pollo… prefiero no seguir.

Hace unos años, la Fundación Dieta Mediterránea organizó en las escuelas unos cursos de cocina donde participaban los niños de entre 8 y 11 años.

Les hacían cocinar algunas recetas, y además les preguntaban lo que ellos comían en casa. Con los resultados, se hizo un estudio y se vio que uno de cada cuatro niños de entre 8 y 11 años no había probado nunca un tomate, exactamente el 23%; los que no habían probado las espinacas ni sabían lo que eran, llegaban a un 32%, y así sucesivamente respecto a otros alimentos, como las olivas negras (22%), las zanahorias (16%), las cebollas (16%) o las naranjas (15%).

Sorprendentes resultados, ¿no?

¿Alguien se ha parado a pensar que comíamos nosotros, los nacidos entre los años 50 y 60? Pues sí, de todo: verduras y frutas, todo tipo de carnes y pescados, e incluso menudillos o vísceras, como queráis llamarles (hígado, riñones, sesos…)

Pues sí, lo que ha pasado es que se ha dejado de cocinar y de comprar productos frescos, ya no se educa el paladar de los niños para que lo prueben todo como se hacía antes, y se va a lo fácil: no se pierde tiempo en dar a probar todos los alimentos, las mamás o los papás ponen cara de asco ante según que guisos, tal vez porque ellos ya no los comieron o porque crecieron con una gran falta de referentes gastronómicos.

Estamos consiguiendo anular el desarrollo gustativo de los niños y, con eso, limitando su paladar.

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