¿Comida real?

¿Qué está pasando? Hemos pasado de consumir diariamente el 60% de alimentos frescos a consumir menos de 40% en la actualidad. Además, el peso y el tamaño de la comida procesada se ha multiplicado por tres en los últimos 30 años.

Pero no solo en España, esto no es más que una tendencia mundial que está llevando a cada vez más países a copiar la forma de comer de los americanos, donde los productos ultra procesados llenos de sal, azúcar y grasas de lo más nocivas están en un 50% de la cesta de la compra de un ciudadano medio.

Esto ha propiciado que se creen movimientos de realfooding, un estilo de vida al que se están sumando gran cantidad de personas y que pone de relieve que el grado de procesamiento de los alimentos es tan alto como el propio contenido de nutrientes.

Esta tendencia supone la vuelta a la alimentación de nuestras abuelas. Con nuestra manera de vivir y nuestras jornadas de trabajo de horarios intensivos, donde no tenemos más que 30 minutos para poder comer, y que la mayoría lo solucionan con productos envasados, debemos ser conscientes de que hay que rescatar los alimentos frescos y, también, saber distinguir los productos procesados “buenos” de los más perjudiciales para nuestra salud.

Una estrategia a seguir es fijarse en las etiquetas de cada producto: si un producto contiene en su etiqueta más de cinco ingredientes, es un “mal” procesado, descártalo.

Además, debemos mirar que ni los azucares añadidos, ni las harinas refinadas, ni los aceites vegetales ni la sal estén por encima del 5-10 % del contenido total.

Y ojo con el sabor aumentado de forma artificial, nos acaba condicionando a consumir más cantidad y más ultra procesados.

Resumiendo: debemos asegurar que nuestra alimentación diaria sea de alimentos frescos o “buenos” procesados, y que los ultra procesados se consuman ocasionalmente como una excepción a nuestros hábitos saludables del día a día.

¡Recuperemos el recetario de nuestras madres y abuelas! Ellas sí que comían bien

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