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¿Alérgico o Intolerante?

¿Qué está sucediendo? ¿Cada vez somos más alérgicos a diferentes alimentos?

Creo que lo primero es saber diferenciar entre las alergias y las intolerancias, ya que son dos reacciones adversas muy distintas.

• La alergia es una hipersensibilidad generada por un mecanismo inmunológico
• La intolerancia, en cambio, no está generada por ningún mecanismo inmunológico

Lo intento aclarar con un ejemplo: la intolerancia a la leche se produce porque nuestro cuerpo no asimila la lactosa. Esto no es un mecanismo inmunológico, sino una deficiencia de lactasa (la enzima encargada de la digestión de la lactosa).

Para que se desencadene una alergia, es importantísimo un componente genético y los factores ambientales relacionados con la dieta y la microbiótica intestinal.

Otro de los puntos a tener en cuenta en las alergias alimentarias es la obesidad, ya que las dietas ricas en grasas provocan cambios en las mucosas intestinales y en la permeabilidad de las células, lo que favorece la aparición de nuevas alergias.

O sea, que cada vez comemos más alimentos procesados ricos en grasas y con menores dosis de vitamina D, y esto parece ser que es un posible desencadenante de las alergias.

¿Sabéis cuáles son los 8 alimentos “top” en el ranking de las alergias?

La leche, los huevos, el pescado, los crustáceos, los cacahuetes, los frutos secos, la soja y los cereales (gluten).

¡Pero ojo! Hay un 30 % de la población que dice ser alérgica a algún alimento y no lo es.

Debido a autodiagnósticos erróneos, hay personas que, sin saber realmente cuáles son las causas de sus molestias, suprimen de su dieta alimentos que no deberían. Muchas veces esto es debido a una especie de “moda” que pone en el punto de mira algún alimento, llegando incluso a crear alarma social, y se deja de tomar ese alimento.

Un caso muy frecuente es el gluten. Seamos realistas, sólo un 1% de la población es realmente celíaca. La celiaquía es una enfermedad autoinmune, y si no la padecemos y restringimos el gluten de nuestra dieta, sin más, nos puede acarrear deficiencias de vitaminas y fibra (además de estar tirando el dinero en productos carísimos).

Otro caso muy frecuente es la lactosa: si dejamos de tomar leche porque creemos que nos sienta mal, con el paso del tiempo dejaremos de producir lactasa y ya no la volveremos a recuperar, lo que quiere decir que no podremos tomarla nunca más.

No debemos hacer caso de todo lo que se nos dice o aparece relacionado con determinados alimentos, pues la alimentación no debe ser nunca una fuente de estrés.

Tenemos que ser capaces de tener un buen criterio para saber lo que debemos comer, gestionando nuestro organismo de la forma más óptima.
“Precaución, y no miedo”

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